Monday, May 02, 2005

-No me preguntes qué pasó-

-Un día las cosas cambian-

-¿Cuál fue el leit-motiv?-

-Obviamente su disposición a no acercarse a los demás, esa misma idea recurrente que la inquieta, la ves acercarse y te motiva a ignorarla…-

Entró y se encerró en su cuarto, sin apenas poder esconder su pelo mojado y los zapatos en la mano; con todo su espacio cerrado se sentiría más segura.

La luz del pasillo se colaba por las rendijas de la puerta y difícilmente permitía vislumbrar algo en el cuarto que se volvía, sombra a sombra, la pantalla de un teatro en que las siluetas apenas iluminadas tomaban la forma de sus presagios, todo lo que había deseado en el día tomaba forma entre esas sombras, todo eso es ella en la indecisión y en los anhelos vulnerados. Pero ¿Acaso tenían sentido antes de esa tarde?... Por supuesto, se puede subir de tono: El miedo puede llegar a ser una conmoción y la felicidad un motivo de vida.

A escasos metros de sus preocupaciones no había motivo para no estar tranquila pero las sombras la mantenían despierta esperando algo pasara en la penumbra y le diera luz para resolver sus problemas, deslizaba su dedo por los muslos y recordaba cuanto tiempo había transcurrido sin tener conciencia de lo erótico que podía ser su cuerpo.

A sus detractores les decía que era por cursi que todo tenía sentido para ella. Si iba contra la ley de la gravedad era para ser más ella, tenía que ceder a su soberbia omnipresente escondida por esa presunción sin sentido que no tenia objeto, además, odiaba despertar sin oler a sexo.

Sabía que estaba dolida, su cuerpo se resistía a obedecerla. Reventaba por estar juntitos otra vez en aquel galeron, que más parecía bodega que bar, en que se la había pasado tocándose la moral y los principios, y él… sin inmutarse… A lo mejor los tragos que se echaba apuradamente eran para buscar el valor que nunca llego.

Quizás, seguir en la casa de sus padres le daba seguridad y la mantenía con una pizca vergüenza, inyectándole un poco de pudor a sus noches cuando por fin llegaba a refugiarse en su cuarto después de días en que no sabia de si misma.

Adoptó un gesto cínico, rió para sus adentros mientras se desvestía despacio, sin ninguna prisa, tocándose ella misma. Se acordó de como aquel letrero que indicaba – SE RUEGA INFORMALIDAD - fue motivo suficiente para haberse desnudado en medio de todos y permitir que la bañasen con el licor de sus copas los parroquianos, que extasiados, veían su cuerpo desnudo bailar en la barra… En fin a lo hecho pecho, mañana sería otro día. Al menos su pareja había accedido a acompañarla hasta la puerta de su casa. Él, si quería ser su hombre, sería mejor que se acostumbrase a sus exabruptos.

Sin sentirlo, empezaba a ser ella.

-¿Qué pasa con María?-

-No te preocupes, ¡Es la edad!-

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