Wednesday, May 11, 2005

Mi tío lleva peluquín


“Mi tío lleva peluquín” Es lo único que se me ocurre, y me estoy arrepintiendo de decirlo según salen las palabras de mi boca.

Mi hermano es un cabrón. Apenas tres años mayor que yo, pero bastante más feo y bruto. La única manera que tiene de que las chicas se fijen en él es andar siempre a voces y metiéndose con los más pequeños, conmigo.

A mi madre nunca le ha gustado el pelo largo. “Pareces un mariquita”. Así que aprovechó que cogí piojos en el campamento para raparme la cabeza al cero. Sólo para demostrar su autoridad.

Aquél verano en el pueblo estaba resultando bastante duro. El gilipollas de mi hermano puteándome, mi madre aprovechando cada minuto para recordarme “Lo guapo que estás con el pelo corto”, y yo, con mi incipiente pubertad. No sé quién soy, pero sé a quien odio.

Esa tarde la bronca con mi hermano fue tremenda. Me pinchó tanto que le salté al cuello. Rodamos por el suelo, todo hubiera terminado en unos pescozones si no hubieran estado las chicas. Yo sabía que en el cuerpo a cuerpo tenía las de perder, y así fue. Además de humillarme físicamente se dedicó a meterse con mi pelo, o con la falta de el, tenía que aparentar ser tan macho como se creía.

Me replegué a una esquina de la plaza. La ronca voz de mi hermano retumbaba en mis oídos. Las risas del coro de chicas tamborileaban en mi cabeza.

Mientras contenía las lágrimas con la cabeza entre las piernas noté como un cuerpo se sentaba a mi lado y me acariciaba la coronilla con suavidad.

Levanté la vista. Era ella. Somos amigos desde la infancia. Ha llegado hoy de vacaciones con sus padres y lo primero que ha visto ha sido la pelea.

Nunca he sentido un cosquilleo así cuando me ha tocado. No se que decir.

“Mi tío lleva peluquín”. ¡Mierda! Estoy quedando como un gilipollas.
“Mi tía también” y ha roto a reír. Me encanta su risa. “Ven a casa, te curaré esos rasguños”

Aquella noche tuve mi primera polución nocturna. El recuerdo de sus labios soplando sobre mi labio para mitigar el escozor del yodo, la sensualidad de sus manos manejando el algodón, la sensación de calor al tocarme la cabeza...

Apenas tuve ocasión de volver a verla a solas. Se juntó con sus amigas. El hijodeputa de mi hermano seguía encabronado por la pelea y resuelto a marcar su territorio. El territorio consistía en todas las chicas entre catorce y diecisiete años. Me consta que ese año se mató a pajas.

Llegó la última semana de agosto. El verano terminaba coincidiendo con las fiestas del pueblo. La noche del último baile ella me tocó la espalda y me dijo “vamos fuera, aquí hace mucho calor”.

Me guió hasta lo alto de la colina. Desde aquí se divisa todo el pueblo. La noche era bastante clara y podíamos ver a las parejas que salían del baile para ir a los ribazos. También vimos como una pareja le lanzó una piedra a la cabeza de un mirón.

El frescor de la noche hizo que nos acercásemos. Me cogió de la mano. Un roce furtivo de sus labios en mi cuello. Cuando se puso ahorcajadas sobre mi no supe que hacer. Ella sí sabía. Me besó. Era mi primer beso y no sabía como reaccionar. No se desanimó. Siguió besándome hasta que le pareció que respondía de forma adecuada. Me acarició el pecho mientras me basaba el cuello. Aquello era demasiado para mi y eyaculé sin siquiera bajarme los pantalones. No me dejó avergonzarme. Me quitó los pantalones con suavidad mientras me besaba los muslos y las ingles. Se despojó de la camiseta y llevó mis manos a sus pechos. Ella mandaba y dirigía los movimientos de mis manos. Cuando consideró que mi erección era adecuado me hizo penetrarle. Sus movimientos decidían mi ritmo, y yo me dejé llevar.

Repetimos una segunda vez. Y hubiéramos ido a por una tercera si mi madre no hubiera comenzado a vocear mi nombre. Al parecer mi hermano se había abierto la cabeza con algo.

Lo más humillante de la noche fue tirarme sobre una mierda de vaca para disimular la mancha de mi pantalón.

No volví a verla después de aquel verano. A mi hermano se le cayó el pelo, la voz se le hizo más grave y la cara más fea. A mi me volvió a crecer el pelo.

Hoy he vuelto a verla, por casualidad. Está en la ciudad por viaje de negocios. Hemos suspendido nuestros compromisos para esta tarde. Llevamos tres horas follando, con las ganas de los primerizos y la experiencia que aporta el tiempo.

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